Liam se acercó a Elías. El aire en la sala de guerra se volvió denso. No había un sonido, solo el zumbido de los servidores y el palpitar acelerado de dos corazones. Liam no sintió la urgencia de dominar, de tomar. Sintió la necesidad de dar, de conectar, de tocar. Elías no se movió, solo se quedó quieto. El silencio era una pregunta sin respuesta. Una pregunta que ambos habían estado esperando.
Liam cerró los ojos y se acercó más. Sus labios se encontraron. El beso fue lento, suave y lleno de