La imponente biblioteca del Señor Antonegra era el corazón de la mansión. Era una sala forrada en roble, con un aroma a cuero y libros antiguos que llenaba el aire. El Señor Antonegra se sentó en su silla, gesticulando para que Liam y Elías tomaran asiento frente a él. La tensión de la reciente alianza seguía palpable, pero la amenaza inminente de Ates Coşkun forzaba una cooperación inmediata.
"La guerra ha comenzado, como dije," afirmó el Señor Antonegra, cruzando las manos sobre el escritorio