16. Encrucijada
Al día siguiente, desperté con un leve dolor de cabeza y el cuerpo adolorido. Las pastillas para dormir no habían surtido efecto; pasé toda la maldita noche recordando el beso con Jalid mientras un mar de pensamientos confusos amenazaba con enloquecerme. Recordé el momento en que nos conocimos. Aunque fue un poco diferente a lo convencional, ese día había sentido por primera vez en mi vida, atracción física por un hombre. Me senté en el borde de la cama, frotándome las sienes. El silencio de la