33. Por un milisegundo
Huir parecía fácil. Eso era lo que me decía una y otra vez mientras caminaba sin rumbo fijo por la calle. Había estado tan alterada que no me percaté de recoger mis cosas. No tenía dinero, ni teléfono. Me dolían un poco los pies y, con la mente un poco más calmada, sentí la urgencia de dar media vuelta y regresar a la mansión. No es como si tuviese muchas opciones.
El panorama parecía completamente desolador y estaba segura de que los hombres de Kedar aparecerían por aquí en cualquier momento.