28. Todo es color de rosa
Estar en los brazos de Kedar era como enfrentarse a una tormenta en medio del océano, pero metida en una burbuja de cristal; aparentemente a salvo, pero con la seguridad de que, en cualquier momento, las paredes se romperían debido a la presión de las olas alrededor. Observé detenidamente el reloj en la pared mientras mi mente iba y venía con pensamientos de todo tipo. Hacía una hora y media que tenía los ojos abiertos sin poder conciliar el sueño. Kedar dormía plácidamente a mi lado, completam