15. Perspectiva.
Eran pasadas las once de la noche cuando llegué a la mansión. El aire se sentía casi irrespirable. En cuanto crucé el umbral de la puerta, fui recibida por dos pares de ojos cargados de furia. Uno de ellos, era el de mi guardaespaldas personal; el otro, el de mi abuelo. Hice un esfuerzo por mantener el contacto visual, pero la culpa estaba corroyendo mi conciencia. El recuerdo del beso abrasador con Jalid invadió mi mente y mi corazón se aceleró de forma violenta. No había podido resistirme a él
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