31. Tratos.

—¿Puedo interrumpir o todavía no han terminado de besuquearse?

La voz de Samara se filtró entre nosotros y me aparté de Jalid con rapidez, sintiendo la sangre subir a mi cara producto de la vergüenza. La mirada de mi amiga era un claro indicio de que estaba metiendo la pata a niveles catastróficos, así que me sentí todavía más culpable por involucrarla. A mi lado, Jalid sonrió burlonamente mientras se mordía el labio inferior, completamente satisfecho por la situación.

—Samara…

—Alina, cállate.
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