Luego de un día en observación en el hospital, Isabella fue dada de alta. Emilia fue a buscarla.
—Sí que están mal las cosas, Oliver ni siquiera vino por ti.
—La cabeza de Oliver está en cualquier parte, menos donde debe.
Y eso ella podía llegar a entenderlo: las deudas, el miedo a perder su poder, su estatus, las comodidades y los privilegios, tenía sus prioridades trastocadas, ¿pero qué había de su corazón? ¿Dónde estaba su corazón?
—Dile a mamá que estoy bien, no quiero que vaya a visitarme.