En el interior de su auto, Isabella inhaló profundamente y se llevó una mano al pecho. Sin saber por qué, comenzó a llorar.
La primera sesión con la terapeuta había estado bastante bien, ella no era una mala mujer, mucho menos una mala madre, así que demostrar que era apta para cuidar a Matilde no le sería difícil, sólo debía ser sincera y dejarle claro lo mucho que amaba a su hija.
Todo estaba yendo bien, por eso romper en llanto tan repentinamente la hizo sentir muy confundida, angustiada.