Amaneció en la ciudad y las calles que todavía dormían se llenaron de la revitalizante luz matinal. Los adultos fueron a sus trabajos, los niños a sus escuelas tal y como cada día. El mundo no había cambiado por mucho que cambiaran las vidas de quienes vivían en él.
De quienes vivían y morían. De quienes nacían y crecían.
El sol seguiría saliendo allá en lo alto y, por muy intenso que fuera su brillo, siempre habría más de alguien con sombras en el corazón.
Isabella acomodó las flores, lirios d