Acompañada del crepitar de las llamas en la chimenea, la voz de Jacob se apagó ante una llamada telefónica. Solomon contestó. No hub0 gesto en su rostro que delatara el cariz del mensaje, pero no fue necesario, Jacob supo que algo andaba mal en cuanto habló:
—Era de la clínica donde está internada Xiomara, hay que ir a buscarla.
—¿La dieron de alta?
Era demasiado pronto, tendría que permanecer allí unos cuantos meses hasta recuperarse.
—No, hizo otra estupidez. La última. A fin de cuentas fue u