Había tres cuidadores en la residencia donde estaba hospedada Matilde, que se turnaban para cuidar a las niñas. Cada uno tenía horarios bien establecidos y rutinas inalterables, por lo que, siendo observadora, era posible determinar donde estaría cada uno a todo instante y encontrar los puntos ciegos en la vigilancia.
Y si algo caracterizaba a Matilde eso era lo muy observadora que era, al punto de tener trazada en su cabeza tres rutas alternativas de escape por si algo fallaba.
—Tengo dolores