Una grúa se llevó al Bentley destrozado por el choque mientras Isabella era llevada en contra de su voluntad al hospital.
—¡Estoy bien, necesito hablar con el detective Tobar! —gritaba.
No pasó mucho hasta que le inyectaron un calmante, así pudieron revisar sus lesiones con detenimiento. Un golpe en la cabeza, una fractura en la clavícula. Tendría que quedar en observación.
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La calidez de unos suaves dedos entre los suyos sacó a Isabella de su letargo en