En el asiento trasero del auto de la policía, Isabella se posó una mano en el vientre. Ya no le dolía, pero hasta hace poco, una punzada lacerante la había dejado sin aliento.
"¿Cómo puede escucharla? ¡Ella no está bien!", le había dicho a la asistente social.
"¿Intenta invalidar su testimonio? Si está bien o no, eso lo decidirán los especialistas".
"Mamá es la que no está bien, está celosa de mí y su novio. Quiso matarme, pero él se interpuso y ahora está herido. ¡Ella tiene que estar encerrada