Mundo ficciónIniciar sesiónLas lágrimas brotaron como presas que se rompen: calientes, implacables, surcando mis mejillas en ríos que no obedecían a mi voluntad. Mi cuerpo se convulsionaba en sacudidas silenciosas; los sollozos me hicían encorvar los hombros y el mundo se redujo a ese temblor que me recorría de pies a cabeza.
Nuriel no dudó.Se incorporó con la calma de quien sabe exactamente qué hacer y me atrajo hacia sí en un abrazo tan suave que dolía.No lo merecía.






