୧ CXXVIII ୨

Instintivamente intenté ponerme de pie para hacer una reverencia, pero Nora posó una mano firme sobre mi brazo, impidiéndome el movimiento.

Sus ojos me advirtieron que no era necesario.

Zariel se inclinó en una reverencia que rozaba la burla frente a Nuriel, quien no se inmutó. Antes de que pudiera abrir la boca, Nora, con su habitual carácter, tomó la palabra.

—Zariel, que seas un príncipe no te da derecho a aparecerte por aquí cada vez que
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