—Esto cambia todo —susurró finalmente, con una frialdad que escondía el torbellino de emociones en su corazón.
—¿Tú de qué lado estás? —preguntó ella con firmeza, sus ojos clavados en los de su hermano.
Zariel sostuvo la mirada por un instante, imperturbable. Luego, con una sonrisa apenas dibujada, se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.
—Por supuesto que del tuyo —respondió con calma—. Sin embargo, eso no significa que te ayudaré.
Nora frunció el ceño y apretó los puño