En el momento preciso que Pamela nombró al pequeño Caleb, su mano poco a poco liberó el brazo de Ares, no porque tuviese temor a que su amigo la golpeara, solo era darle espacio a que su mente funcionara, sabía que Ares pensaba mucho mejor cuando estaba solo, y es que las personas cuando son tan inteligentes se acostumbran a la soledad que su inteligencia les causa.
—..., Tú…, Eso… No estoy comprendiendo.
No, claro que Ares no estaba comprendiendo nada, porque su mente por más brillante que fuese, en verdad no lograba atar cabos, las palabras de Pamela no tenían sentido, al menos para él.
—La envíe a investigar, y cuando supe que iba a ir a una clínica de fertilidad…
La voz a Pamela cada vez se le iba a tornando más fina, aunque no por eso mas estridente, más bien pasó de ser una voz normal, a un susurro casi moribundo, a medida que los ojos de Ares se iban achicando, y la comprensión iba llegando a su mente.
—Cinco minutos, ese es el tiempo que te doy, cinco minutos.
Pamela no pudo e