Pilar trataba de mantener la calma, recordarse a ella misma que al final del día, Ares y ella no eran absolutamente nada. Aunque claro su mente le gritaba de qué eso no era así, y no era solo el hecho de que ambos hubieran tenido intimidad, tampoco las infinidades de carisias y besos que a lo largo de los días se brindaban, más bien era el saber, o más bien el hecho de que Pilar creía en las palabras que Ares le decía, esas en las que tantas veces le juró que hacía años que estaba enamorado de