Pilar trataba de mantener la calma, recordarse a ella misma que al final del día, Ares y ella no eran absolutamente nada. Aunque claro su mente le gritaba de qué eso no era así, y no era solo el hecho de que ambos hubieran tenido intimidad, tampoco las infinidades de carisias y besos que a lo largo de los días se brindaban, más bien era el saber, o más bien el hecho de que Pilar creía en las palabras que Ares le decía, esas en las que tantas veces le juró que hacía años que estaba enamorado de ella, aun así, no podía controlar lo que sentía, la forma en la que su pecho se estrujaba cada vez que Ares le sonreía a Pamela, lo interesado que parecía al magnate en saber todas y cada una de las hazañas de esos pequeños trillizos, la forma casi despiadada en la que Ares ignoraba a Kenzo e Ian, era como si tanto Pamela, como Ares hubiesen ingresado en una burbuja, donde solamente podían verse el uno al otro.
Pilar pasó varias veces las palmas de sus manos por su pantalón de mezclilla, tratand