Un mes había pasado desde que Caleb había nacido, un mes en el que Pilar se había más que acostumbrado, a los suaves besos de Ares y sus delicadas caricias, cada una de las atenciones de aquel magnate, calentaban cada día más su corazón, aunque eso no evitaba que se sintiera impotente.
Pilar había sido criada en la humildad de una familia de clase media baja, la base de su formación siempre había sido el trabajo, el salir adelante, el no darse por vencida, y aunque unos años atrás la suerte de todos había cambiado gracias a un boleto de lotería, Pilar nunca había olvidado todo aquello, incluso en el tiempo que fue esposa de Daniel la incomodidad la embargaba por tener que quedarse en su hogar, por pedido de Daniel, se sentía tan inútil al estar allí sin hacer nada productivo, a tal punto que había comenzado a estudiar a distancia, cosas sin sentido, según decía Daniel, menospreciando sus gustos, pero al menos ella se sentía útil de alguna forma, con la esperanza de quizás en algún fut