Un mes había pasado desde que Caleb había nacido, un mes en el que Pilar se había más que acostumbrado, a los suaves besos de Ares y sus delicadas caricias, cada una de las atenciones de aquel magnate, calentaban cada día más su corazón, aunque eso no evitaba que se sintiera impotente.
Pilar había sido criada en la humildad de una familia de clase media baja, la base de su formación siempre había sido el trabajo, el salir adelante, el no darse por vencida, y aunque unos años atrás la suerte de