Dos semanas habían pasado desde que Mateo había irrumpido en la mansión de su hijo, dos semanas habían pasado desde que Mateo le había mentido a su esposa, por primera vez en la vida, y es que por supuesto, no podía decirle a su Elizabeth que su hijo no solo estaba de regreso en la ciudad, sino también estaba viviendo con la exmujer del CEO de su compañía, misma que había parido un hijo, que él estaba un noventa y nueve por ciento seguro que era hijo de Ares, e incluso, aunque omitiera ese pequeño gran detalle, sabía que para Elizabeth solo sería necesario que viera esa criatura, para saber que era hijo de Ares, porque su esposa sí que tenía un olfato demasiado agudo para reconocer a sus hijos y nietos, de eso no había duda alguna.
Pero nuevamente el exempresario se convencía de que era lo mejor, hacerle creer a Elisabeth qué Ares en realidad no había regresado a Nueva York, que simplemente había decidido pasar un tiempo en Rusia, visitando a sus primos, y que Pamela simplemente lo ha