Los señores Padilla descendieron del vehículo un poco durativos, mirando a su alrededor como si fuesen presas de algún cazador, aun así, Rosamel tomó la mano de Esther y en cuanto subieron los tres escalones de la entrada principal, antes de poder así sea tocar la puerta, esta fue abierta.
—Señores Padilla, sean bienvenidos.
Leticia bien podría haber salido de algún tipo de comercial hogareño, su sonrisa sincera, y su forma de saludarlos, casi con reverencia, los hicieron tranquilizar un poco,