Pilar se había instalado en la mansión de Ares hacía una semana, y había pasado la mayor parte del tiempo hablando con las empleadas sobre temas banales como la moda, la cocina y la decoración, mientras Ares se había mantenido a la distancia, observándola con una mezcla de curiosidad y deseo, al menos durante el día, pues este magnate, esperaba la caída de la noche, como un niño esperaría la mañana de navidad, ya que luego de siete días, Pilar aun no le pedía que se marchara de la habitación, s