Capítulo Doce

Pilar se había instalado en la mansión de Ares hacía una semana, y había pasado la mayor parte del tiempo hablando con las empleadas sobre temas banales como la moda, la cocina y la decoración, mientras Ares se había mantenido a la distancia, observándola con una mezcla de curiosidad y deseo, al menos durante el día, pues este magnate, esperaba la caída de la noche, como un niño esperaría la mañana de navidad, ya que luego de siete días, Pilar aun no le pedía que se marchara de la habitación, sino todo lo contrario.

La castaña tal parecía relajarse, cuando cada noche, luego de salir del baño lo encontraba a él ya con el pijama puesto, y sin decir nada, simplemente se acostaba a su lado, como un pacto silencioso de consuelo, apenas distanciado por centímetros, mismos que se desvanecían una vez y la joven caía en la inconciencia, pues parecía que, de manera inconsciente, buscara el calor de Ares, y este por supuesto, que más que deseoso, la abrazaba, rezando el poder ingresar en su cora
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