La hora del desayuno llegó con olor a café recién hecho, pan tostado y mar.
Era, técnicamente, el primer desayuno de Ares como hombre casado, como esposo de Pilar, como padre a punto de serlo por segunda vez, los Zabet podían llamarle, luna de miel, viaje familiar o retiro romántico; daba igual, porque todo estaba en su sitio, la mujer que amaba, su hijo, el mar griego de fondo, la familia cerca.
Todo, menos una cosa.
Y eso era que cada cinco segundos, el teléfono móvil vibraba sobre la mesa, y