Pilar no recordaba si se había enterado por la televisión, por un titular en internet, por un mensaje reenviado mil veces o por la voz tranquila de Ares junto al oído. Sabía, sí, que Daniel Duarte había sido declarado culpable de todo lo que se le imputaba; sabía que la prensa había hecho de aquello un espectáculo, pero, para ella, ese capítulo ya no existía, estaba cerrado, sellado y enterrado.
Ahora su mundo era otro, elegir el tocado para su boda, decidir si el vestido debía ser más suelto o