Baltazar escuchaba cada palabra que Elizabeth decía, para esta mujer no hubo pausas piadosas, ni suavizó un solo detalle, su madre deshiló con precisión cada tramo de la odisea que habían vivido Pilar y, a la par, Ares y a medida que el relato avanzaba, Baltazar sentía cómo algo pesado y áspero se instalaba en su pecho, decir que el apodado asesino Shofar estaba furioso era quedarse peligrosamente corto.
No era solo rabia lo que lo atravesaba, era mucho más, era una mezcla amarga de ira, culpa