La carretera se extendía frente a Ares como un oscuro serpentín y el cielo, cubierto de nubes grises, parecía presagiar la tensión que se cernía en el aire, a su lado, Pilar permanecía en silencio, con su mirada fija en la ventana, como si las vistas del paisaje fueran una especie de escape de la realidad.
Para Ares, cada segundo de ese viaje se sentía como una eternidad, la atmósfera en el automóvil era casi palpable, tensada por una mezcla de preocupación y anticipación.
Ares sabía que el día