Ares se despertó antes que el sol comenzara a asomarse por el horizonte, el aire frío de la mañana se colaba entre las rendijas de la ventana, pero su corazón ardía por dentro, consumido por la furia que sentía hacia Marta, aquella mujer, con su fachada de elegancia y refinamiento, había cruzado todas las líneas que Ares había creído que el ser humano no podía cruzar.
“¿Cómo puede ser posible?” pensó, recordando La angustia de Pilar, que resonaba en su mente como un mero recordatorio, de que ta