El rostro de Daniel, su palidez, su postura, todo le dejaba en claro a Ares de que él tenía toda la razón, en aquel lugar lo más probable es que estuviese los cuerpos de Darío y su secretaria.
— Eso… no puede ser… no pueden demoler ese edificio.
Fue lo único que aseguró, con la voz temblorosa, mientras su mirada estaba fija en Ares.
—Créeme, Daniel que lamento mucho toda esta situación, no podría ni imaginarme lo que sentiría yo, si alguno de los edificios que mi padre ha construido o así sea d