Ares veía la disculpa la mirada de Mateo, pero aun así, no pensaba aceptarlas, porque este magnate que a los ojos de Pilar era tan misericordioso y comprensivo, solo lo era con ella, en la mente de Ares, la idea de que su padre hubiese sabido aquello y hubiese guardado silencio, no tenía lugar, era sinónimo de traición, y exigía una explicación, una en la que su futura esposa estuviese presente, porque por supuesto que Ares pensaba desposarse con Pilar, la había declarado suya, Caleb era suyo,