Ares veía la disculpa la mirada de Mateo, pero aun así, no pensaba aceptarlas, porque este magnate que a los ojos de Pilar era tan misericordioso y comprensivo, solo lo era con ella, en la mente de Ares, la idea de que su padre hubiese sabido aquello y hubiese guardado silencio, no tenía lugar, era sinónimo de traición, y exigía una explicación, una en la que su futura esposa estuviese presente, porque por supuesto que Ares pensaba desposarse con Pilar, la había declarado suya, Caleb era suyo, Pilar estaba dispuesta a darle una oportunidad a su relación, y Ares no pensaba desperdiciar nada de aquello.
—Desde el día que fui a tu mansión.
Soltó un poco aturdido Mateo y Pilar, se movió con sigilo hacia el pequeño bar que había en un lado de la oficina, hasta hacerse con un vaso de agua, mismo que ofreció al mayor, quien le agradeció con la mirada.
—¿Cómo que desde el día que fuiste a mi mansión?, Pilar acababa de parir, ¿cómo es que…?
Pilar estaba acostumbrada a ver la tranquilidad en el