La secretaria de Daniel fue la primera en recibirlo con una mirada acusadora, sin embargo, la rubia no preguntó nada, simplemente lo vio sobre su hombre y continuó con la labor que estaba haciendo en ese momento.
Duarte se sintió tan observado, que no le quedó más que acomodar su corbata, como si aquello pudiera eximirlo de culpa alguna, de sus mentiras dichas.
A medida que comenzó con el recorrido las miradas de todos recaían sobre él, los cuchicheos se convirtieron casi en una brisa molestosa