La secretaria de Daniel fue la primera en recibirlo con una mirada acusadora, sin embargo, la rubia no preguntó nada, simplemente lo vio sobre su hombre y continuó con la labor que estaba haciendo en ese momento.
Duarte se sintió tan observado, que no le quedó más que acomodar su corbata, como si aquello pudiera eximirlo de culpa alguna, de sus mentiras dichas.
A medida que comenzó con el recorrido las miradas de todos recaían sobre él, los cuchicheos se convirtieron casi en una brisa molestosa que acariciaba sus oídos, aun así ninguno de los empleados se atrevió a cuestionarlo directamente, pues todos ellos eran muy conscientes de lo que el señor Mateo Zabet había dicho solo unas horas antes, y eso era simplemente el hecho, de que la estadía de Ares como el CEO de la compañía era meramente pasajera, que todo apuntaba que el magnate estaba en aquel lugar, para enseñarle a Duarte cómo remontar la compañía que él mismo estaba echando a perder, entonces por supuesto que ninguno de los em