88: Un secreto de la familia Landeros.
—Sigan con la cena, voy a mi despacho.
Nos dice mi padre con voz firme. Luego mira a Sebastián y le hace una ligera señal con la cabeza. Ambos salen del comedor, seguidos por el señor Landeros, que se levanta despacio de su asiento.
Yo no los pierdo de vista ni un segundo mientras cruzan la puerta.
Algo en mi pecho se aprieta.
—Come.
La voz de Landeros me trae de vuelta. Está sentado a mi lado, observándome con atención.
Pero ya no tengo ganas.
Suelto el tenedor sobre el plato.