17: Enferma en un mal día.
Me suelto de su agarre y me dejo caer en un sillón, cruzando las piernas con una mezcla de desafío y cansancio.
El movimiento hace que mi vestido se deslice un poco hacia arriba, dejando al descubierto parte de mi muslo.
Siento su mirada.
No necesito verlo para saber que está observando cada centímetro.
Eso me pone nerviosa.
Me acomodo el vestido rápidamente, bajándolo con la mano.
—Que quede olvidado —digo con frialdad—. Yo no lo menciono y tú tampoco.
—No me tutees.
Su voz es