El Pacto de los Malditos
Matías se dejó caer en el sofá raído, dejando que el humo de su cigarrillo dibujara espirales en el aire viciado del apartamento. La visita de Leonor y Ernesto no lo había asustado; al contrario, le había dado una sensación de poder embriagadora.
—Leonor... vieja serpiente venenosa —susurró Matías, mirando las manchas de humedad en el techo—. ¿De verdad crees que vas a poder conmigo? Me tratas como a un peón, pero no te das cuenta de que yo soy el dueño del tablero.
Se