El pacto de los ambiciosos
El auto de Ernesto se detuvo frente al decrépito edificio de la calle 12. Leonor bajó del vehículo con un gesto de repugnancia, acomodándose el abrigo como si temiera que la miseria del entorno se filtrara por las costuras de su ropa de marca.
—Mira este lugar, Ernesto —susurró Leonor, mirando las ventanas rotas y los callejones oscuros—. Y pensar que Elena quería tirar su futuro a la basura por vivir aquí con ese muerto de hambre.
—Ese "muerto de hambre" tiene la lla