La mesa está servida, y las velas encendidas proyectan una luz cálida sobre los rostros de los presentes. El aroma del asado recién salido del horno flota en el ambiente, mezclado con el perfume tenue de las flores del centro de mesa. Giorgia, con una sonrisa hospitalaria, se asegura de que cada uno de los invitados tome asiento en el lugar que les corresponde.
—Espero que les guste el menú —comenta con un tono alegre—. Clara se esmeró mucho esta tarde.
Barron, sentado en la cabecera, levanta s