―No voy a tener sexo contigo en la oficina ―rebate Giorgia, pero hay mucha menos convicción en esa declaración de lo que ella probablemente piensa.
Los labios de Julian descienden hasta posarse sobre los suyos.
―No te estoy ofreciendo tener sexo en la oficina —rebate él.
―¿Entonces qué...?
―No voy a follarte, pero voy a hacerte sentir bien. Solo tienes que confiar en mí y callarte como la buena chica que me demostraste que eres la primera noche que estuvimos juntos. ¿Puedes hacerlo?
Julian está