Desconcertada por este hombre tan diferente al que ha visto antes, Giorgia ve cómo les sirve a ambos una copa de champán, relajado y sentado frente a ella al otro lado de la mesa. La cena ha sido estupenda, maravillosa, pero todavía sigue sintiendo que lo que está viviendo es irreal; un sueño, y de vez en cuando, una duda le cruza la cabeza: «¿durará esto o solo será algo pasajero y luego Julian se aburrirá y le dará una patada para desecharla y continuar con su vida?».
Él levanta la vista y la