Un caleidoscopio de mariposas bate sus alas en el estómago de Giorgia mientras sube uno por uno los escalones que llevan a la azotea del hotel, siguiendo aquel hilo rojo. Al llegar a la puerta de hierro, la abre y la empuja. El aire fresco de la noche golpea su cuerpo, pero es bien recibido por su piel ligeramente cubierta.
Inhalando un aliento profundo, avanza a pasos lentos y luego se detiene. Mira a ambos lados, hasta que finalmente vuelve a encontrar el hilo que la lleva hacia el lado izqui