El reloj marca las ocho de la noche cuando Giorgia baja del automóvil que la ha traído directo de la empresa. Está cansada por las largas horas de vuelo desde Las Vegas, porque apenas durmió, porque en la empresa le esperaban un montón de problemas que debía resolver cuanto antes y apenas ha podido respirar, pero a pesar de que su cuerpo desearía ir a descansar, no puede esperar un día más para visitar a su padre. La mansión familiar, con sus amplios ventanales iluminados y el aroma a pino que