Ya No Hay Vuelta Atrás
A la mañana siguiente, Gabriele llegó a su casa en compañía de Luciano, sabía que no sería fácil lidiar con sus padres. Cuando abrieron la puerta del salón principal, se encontraron con unas miradas que los acusaban, el padre de Gabriele con el ceño fruncido, y su madre con una expresión de preocupación. Solo Amalia, su hermana, rompía la tensión con una sonrisa suave. Al verlos entrar, se levantó de inmediato, abrazando a Gabriele con calidez, y luego saludó a Luciano con una mirada tranquila y