Dentro, en la oscuridad de su habitación, Gabriele se tumbó en la cama, la sensación de vacío se apoderó de él, la angustia en su corazón no le permitía relajarse. Quería dormir, olvidar por un momento lo sucedido, pero sabía que no podía.
Al amanecer, el sol entró tímidamente por la ventana, pero el brillo no conseguía calentar su alma, pensó en Luciano. Pensó en todo lo que había dicho, todo lo que había hecho, y cómo lo había arruinado todo con su impulso. La preocupación por lo que podría pa