Luciano entró en la mansión Vaniccelli y se dirigió a la sala principal, donde su padre lo esperaba de pie, con las manos cruzadas detrás de la espalda. A su lado, como una sombra más discreta, estaba su tío —el padre de Alessandro—, quien durante años había manejado los negocios más delicados de la familia.
—¿Estás orgulloso? —le preguntó su padre en cuanto Luciano cruzó la puerta—. ¿Eso es lo que querías? ¿Destruir el apellido Vaniccelli, solo porque se te dio por convertirte en un maldito ma