El hombre ayudó a Gabriele a levantarse, ya estaba visiblemente borracho, tambaleándose ligeramente al intentar ponerse en pie.
—Te llevaré a tu auto. — Dijo el desconocido, con una voz tranquila.
Gabriele, demasiado aturdido para oponerse, asintió débilmente. Se dejó guiar hasta el coche, apoyándose en el hombro del otro hombre para no perder el equilibrio. Apenas se acomodó en el asiento, sintió cómo una mano tibia rozaba su mejilla. Alzó la vista, confundido, justo cuando el desconocido se in