El abrazo que necesitaba
Gabriele caminó un buen rato, queriendo despejar su mente y olvidar ese momento tan incómodo que vivió con Azzurra al salir de la academia. Las ofensas crueles aún le resonaban en la cabeza: “una perra asquerosa y un gay inmundo”. Una hora después, llegó a su apartamento, fue directo a la cocina, sacó una botella de vino tinto y se sirvió una copa. Se sentía solo, necesitaba un abrazo, alguien que le diera apoyo. Tomó su celular, dándose unos minutos para pensar a quién llamar. Pensó en su herma