Gabriele estaba en un parque, disfrutando de una exposición de fotos al aire libre. Caminaba junto a un amigo de la escuela, admirando cada imagen, sus ojos no perdían detalle. Ya pasaron tres meses desde la última vez que vio a Luciano, y aunque se hablaban todos los días, lo extrañaba muchísimo. De repente, su teléfono vibró en el bolsillo del abrigo. Lo sacó y miró la pantalla: era el nombre de Luciano. Sintió una alegría enorme y contestó sin perder tiempo.
—Hola, Luciano —dijo Gabriele, co