Gabriele salía de la academia cuando de repente vio a una mujer conocida apoyada contra un auto negro, con los brazos cruzados y una expresión que no podía ver bien, escondida tras unos grandes lentes oscuros. Era Azzurra Zaharie. Cuando lo vio, ella se quitó las gafas dejando al descubierto una mirada llena de odio.
—Por fin apareces, dijo con tono un poco airado.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Gabriele, algo sorprendido.
Azzurra caminó hacia él con elegancia.
—Vine a advertirte —contestó sin rod