Volver a casa después de Amalfi fue como despertar lentamente de un sueño cálido. El mar había sido un paréntesis azul en medio del caos. Pero las vacaciones no borran el pasado; solo le dan un descanso. Una tregua que, como todas las cosas hermosas, termina demasiado pronto. Gabriele bajó del coche con las gafas de sol puestas, aunque en Milán el cielo estaba encapotado, como si pidiera disculpas por no saber brillar. Sostenía la maleta en una mano y la otra la tenía unida a la de Luciano, apr