La habitación permanecía en una suave penumbra. El ambiente era completamente tranquilo, como si incluso la luz prefiriera no molestar el delicado equilibrio que habían conseguido entre ambos. Luciano se mantenía callado, su respiración era cálida y constante contra el cuello de Gabriele. Su presencia le transmitía una sensación de seguridad y estabilidad emocional a Gabriele.
De pronto, Luciano susurró cerca de su oído:
—Baja conmigo, cariño.
Gabriele negó con la cabeza, apenas un movimiento c