Cinco años.
Parece una eternidad cuando recuerdo a aquella mujer que temblaba bajo la lluvia con un fajo de papeles de divorcio en la mano, pero se siente como un suspiro cuando miro el imperio que hemos levantado sobre las cenizas de la traición.
Me encontraba en el ala norte de la mansión, en lo que ahora llamábamos El Salón de los Tratados, era una habitación circular, diseñada por mí para romper con la jerarquía lineal de las antiguas manadas. Las paredes estaban revestidas de una seda co